
En 1870, monseñor José Joaquín Isaza, en representación del obispo titular de la diócesis de Medellín, monseñor Valerio Antonio Jiménez, realizó visita pastoral a San Pedro de los Milagros, en la que ordenó que se "procediera a la reedificación del templo, nombrando para el efecto una junta compuesta por personas notables de la parroquia, para que dirigiera los trabajos de la obra". Esta orden no se acató. En su siguiente visita, pero ahora como obispo titular, realizada en septiembre de 1874, dejó la siguiente orden:
"Art. 10 - Hemos tenido la pena de saber que no se le ha dado cumplimiento a las disposiciones de nuestro auto de visita anterior, relativas a la construcción del nuevo templo, y como el actual se encuentra cada día más deteriorado, prevenimos y ordenamos al señor Cura, bajo precepto de santa obediencia, que inmediatamente reúna la junta directiva de fábrica y de acuerdo con lo dispuesto en la Constitución 21, título XIX del Sínodo Diocesano, proceda a nombrar una Junta especial, compuesta del Cura y de tres vecinos honrados, para que ella corra con la dirección de la reedificación del templo, de acuerdo con lo prevenido en la Constitución citada. El acuerdo que dicte la Junta Directiva sobre este negocio deberá obtener la aprobación del Prelado, sin lo cual no puede llevarse a efecto...".
Ante lo ordenado, el párroco, presbítero Fermín de Hoyos, y su coadjutor, el Pbro. Mariano de Jesús Euse Hoyos (sobrino del párroco titular y actualmente beato), que realizaba funciones ministeriales como cura excusador, se dieron a la tarea de establecer una junta para acatar los deseos del prelado. La "Junta de los trabajos del Templo" tomó oficialmente posesión de sus labores el día 12 de octubre de 1874, y estaba conformada así: párroco Fermín De Hoyos, coadjutor y excusador padre Mariano de Jesús Euse, los laicos Eleuterio Restrepo, José Milagros Gómez y Vicente Uribe. Como secretario fue nombrado el pbro. Mariano Euse y como tesorero Jesús María Mejía, quien posteriormente fue reemplazado por Alejandro Espinal, luego por el Urbano Múnera.
Como primera decisión de la junta fue mandar hacer los planos. Para lo cual, encargaron al médico Manuel Uribe Ángel y al pbro. Eladio Jaime Jaramillo para que consiguieran un ingeniero adecuado. Escogieron a Ricardo Mariscal, quien fue asesorado por su colega Luciano Jaramillo. Este último se contratado para dirigir la construcción con salario de $2.60 diarios, libres de alimentación y hospedaje. Joaquín Pinillos, muerto en 1920, realizó las puertas, ventanas y cielorrasos, también, fue uno de los constructores que intervino en la obra.
Fue contratado como maestro oficial de obra Egidio Rincón con sueldo de $3.50, libres de alimentación y alojamiento. Rincón hacía poco tiempo había finalizado la construcción de la iglesia de Marinilla, contaba con mucha experiencia. La ayuda de los habitantes del pueblo fue excelente, no sólo con las donaciones en dinero y especies, también con su trabajo, realizando “convites”; se establecieron comisiones para conseguir recursos para la obra. Además, la construcción generó la solidaridad, no sólo de sampedreños, sino de muchos peregrinos de otros lugares que guardaban gratitud al Señor de los Milagros los que también contribuyeron con sus aportes.
Los párrocos que estuvieron al frente de la construcción fueron:
- 1874 Pbro. Fermín de Hoyos y su coadjutor pbro. Mariano Euse Hoyos.
- 1875 Pbro. José María Velilla, quien había sido párroco anteriormente, desde 1846 hasta 1862.
- 1877 Padre Miguel María Giraldo.
- 1879 Pbro. Luis María Palacio.
- 1880 Pbro. Pedro Baena y pbro. Manuel Antonio López de Mesa, más tarde obispo de Antioquia.
- 1882 Es nombrado nuevamente el Padre Luis María Palacio.
- 1887 Pbro. Laureano López de Mesa.
Este último sacerdote merece especial atención, fue quien le dio gran impulso a la construcción del templo, aunque las reformas y la decoración se hicieron posteriormente. Finalmente la construcción del templo es terminada en 1895, veinte años después de su comienzo.
En 1896, la población de San Pedro, encabezada por su párroco el pbro. Laureano López de Mesa, cambió la cruz original en la cual llegó la imagen del Señor de los Milagros al pueblo, en el año de 1774. Para ello, el padre contactó a tres hermanos orfebres de la ciudad de Rionegro: Agapito, Carlos y Rafael Jaramillo, quienes, realizaron una nueva cruz decorada con metales y piedras preciosas. En ese mismo año (1896), José Milagros Gómez y familia, donaron el púlpito y el retablo que está encima del altar mayor, y que aloja la urna donde esta la venerada imagen.
En 1898, José María Díaz Tamayo,[3] fundador del primer banco que se creó en Medellín, donó el reloj de la fachada principal del templo, como testimonio de gratitud al Señor de los Milagros, por el milagro que le hizo, curándolo de un cáncer en la boca, del cual los médicos decían que no era curable.
En febrero de 1921 fue nombrado párroco el sacerdote eudista, de nacionalidad francesa, Pedro Lacroix, bajo la dirección episcopal de monseñor Maximiliano Crespo. Más tarde en 1928, cuan al padre Lacroix se encontraba de vacaciones en Francia, su coadjutor, padre José María Antolinez, sacerdote eudista santandereano, convocó al pueblo sampedreño, les planteó la necesidad de mejorar la presentación del templo, cambiando los ladrillos por baldosas. La respuesta fue generosa, cada familia respondió al llamado, con una o varias baldosas. En 1930, el padre Lacroix es quien consiguió los catorce cuadros artísticos en altorrelieve del viacrucis, importándolos desde Francia.
Esta comunidad parroquial nació a la vida jurídica eclesiástica el 16 de enero de 1758, cuando el gobernador de la Provincia de Antioquia, Don José Barón de Chaves, en virtud del derecho que le concedía el "Patronato Real" decretó su creación, encomendándola al patrocinio del Príncipe de los Apóstoles, San Pedro. El mismo Gobernador, pocos días antes, el 31 de diciembre de 1757 había erigido "Partido" esta naciente comunidad. La compilación histórica de todos los párrocos de esta comunidad puede consultarse en el libro “Columnas invisibles de la Basílica, de Ovidio Tamayo Lopera. Es bueno hacer notar aquí que a partir del 12 de diciembre del año 2001, de acuerdo a la Ordenanza departamental 29, el Municipio de San Pedro, Antioquia, empezó a llamarse SAN PEDRO DE LOS MILAGROS. Desde entonces, también la parroquia, lleva este nombre, estableciéndose una admirable simbiosis entre El Príncipe de los Apóstoles y el Maestro de los hombres EL SEÑOR DE LOS MILAGROS. Entonces, sí que es cierto, que esta tierra es donde “nacen los milagros”. Esta armonía entre Lo Divino y lo humano, manifestado en el nombre SAN PEDRO DE LOS MILAGROS, es un gran reto para los Sampedreños y es una gran atracción para los foráneos. Estamos todos frente a este reto: los de aquí y los que aquí llegan.
