
La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.
La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.
Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.
En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.



“Pero Jesús dijo: Dejad a los niños, y no les impidáis que vengan a mí, porque de los que son como éstos, es el reino de los cielos” (Mt 19, 14). 

Mateo 6, 1-6.16-18. Miércoles de Ceniza. Esperar la recompensa no del aplauso de los hombres sino de Dios.
Marcos 9, 30-37. Tiempo Ordinario. Si quieres ser el primero, pon primero a Dios luego a los demás.
Marcos 9, 14-29. Tiempo Ordinario. La fe se tambalea ante las dificultades y contrariedades de la vida. Dios mío, acrecienta mi fe.
Marcos 2, 1-12. Domingo, Tiempo Ordinario. Jesús nos puede curar, lo que pasa es que, en el fondo, no lo creemos. Y es que somos muy tercos, desconfiados, o demasiado autosuficientes.
Marcos 9, 2-13. Tiempo Ordinario. Tomar en nosotros la luz que resplandece en el rostro de Cristo, y así reflejar su imagen. 
